Entender la importancia de los déficits fiscales: análisis gráfico de la relación macroeconómica entre ingresos y gastos

Publicado originalmente en inglés en el blog del autor y traducido por Red MMT España

Lo que sigue es una herramienta pedagógica que utilizo en programas introductorios sobre macroeconomía que permite a los estudiantes comprender la regla básica de la macroeconomía: el gasto es igual al producto es igual al ingreso, lo cual impulsa el empleo.

Nos ayuda a comprender el concepto de equilibrio en macroeconomía y nos despoja de cualquier noción de que el equilibrio equivale a un “vaciamiento del mercado” o pleno empleo, que es la forma en que los economistas convencionales lo consideran.

Aprendemos que un equilibrio puede persistir en niveles muy altos de desempleo indefinidamente sin que entre en escena ninguna influencia externa, tal como un estímulo fiscal.

También se puede utilizar como una forma alternativa de pedagogía (a las derivaciones algebraicas) de los equilibrios sectoriales y hace que el papel de la política fiscal sea muy obvio.

Algunas personas prefieren esta forma de elaboración al álgebra más concisa.

También podemos establecer fácilmente el principio de que si hay desempleo masivo (involuntario), entonces al menos sabemos otra cosa: el déficit fiscal es demasiado pequeño o el superávit demasiado grande.

Así que pensé en compartir esta exposición con todos ustedes en mi blog para diversificar la forma en que suelo presentar las cosas.

Y aquellos que hayan estudiado economía anteriormente identificarán que este tipo de estructura se basa en la exposición de flujo circular de larga data, que confecciono a la medida de mi perspectiva de teoría de la moneda moderna (TMM).

Por tanto presento una serie de imágenes que comienzan desde una base simple y luego se vuelven cada vez más complejas a medida que introducimos más y más elementos del mundo real.

Hogares y empresas

Comenzamos con una simple representación de la economía con hogares y empresas.

El gobierno también está allí, pero al principio nos abstraeremos de su papel, aunque nada de esto podría suceder sin las inyecciones de dinero del gobierno.

A lo largo de este análisis, asumimos que los precios son estables, por lo que todos los flujos de dólares están efectivamente en términos de poder adquisitivo real.

Las empresas comerciales se forman expectativas de cuál será el gasto total en la economía y luego reúnen un fondo de maniobra y los trabajadores para producir ese volumen de ventas esperado. Fijan el precio de acuerdo con sus estimaciones de costo unitario y su margen de ganancia deseado, reflejando éste sus aspiraciones de beneficios.

Ese despliegue luego paga ingresos a los proveedores de insumos productivos.

El gasto de consumo de los hogares es impulsado por el ingreso total, que devuelve los ingresos a las empresas y damos otra vuelta.

El gasto impulsa la producción y el empleo, lo que equivale a ingresos.

Si no hay fugas de este flujo circular y / o choques externos, entonces el sistema sería estable y persistiría indefinidamente.

Esto es lo que llamamos un estado de equilibrio macroeconómico.

Ahora bien, no se presume que este estado estacionario coincidirá con el pleno empleo. Podría, pero es muy poco probable.

Fue este tipo de estado de equilibrio de subempleo lo que Keynes dijo que justificaba el estímulo del gobierno para romperlo y llevar la economía a un estado de mayor empleo.

Fugas tributarias

Ahora bien, ¿qué pasa si perturbamos este estado obligando al sector no estatal a pagar impuestos?

En este ejemplo, hago abstracción de los impuestos sobre sociedades (y, como verá, las transferencias sociales). Incluirlos no alteraría la historia en lo fundamental.

Ahora bien, si eso fuera todo —impuestos que extraen ingresos del sector no estatal hacia el sector público—, el flujo de ingresos totales se convertiría en un flujo de renta disponible y el flujo de gasto de consumo menguaría.

Como resultado, las empresas responderían a la acumulación de inventarios no vendidos y produciendo menos y despedirían trabajadores.

Así pues, en un sistema monetario moderno, la imposición de tributos crea la condición en la que aumentan los recursos ociosos.

Para devolver la economía al equilibrio anterior (restaurar el nivel del PIB y la renta nacional), el flujo del gasto público debe al menos compensar la fuga de poder adquisitivo por el drenaje tributario.

Ahora bien, dijimos antes que el estado estacionario original era probablemente uno en el que existía desempleo involuntario a pesar de que las expectativas de las empresas sobre volúmenes de ventas se cumplían continuamente.

Entonces, incluso si la inyección de gasto público compensara la pérdida de gasto de consumo derivada de la fuga impositiva, la economía seguiría por debajo del pleno empleo.

En otras palabras, la única forma en que la economía podría avanzar hacia el pleno empleo en este contexto (teniendo en cuenta que los hogares consumen el 100 por ciento de su renta disponible) sería que el déficit público aumentara.

El exceso de gasto público sobre impuestos (G> T) estimularía las ventas y las empresas contratarían más trabajadores y pagarían mayores ingresos, lo que luego conduciría a mayores ingresos fiscales (si el sistema fiscal estuviera vinculado a los ingresos) y un mayor gasto de consumo de los hogares.

Este proceso de ajuste, al aumento del gasto público deficitario, es lo que se denomina ‘multiplicador del gasto’.

Lea la publicación de mi blog, Multiplicadores de gastos (28 de diciembre de 2009), para obtener más información sobre este punto.

Entonces, bajo estas condiciones, es fácil entender que, si hay desempleo involuntario (lo que significa que la gente aceptaría un trabajo al salario vigente si se les ofreciera uno), sabemos que el déficit público es demasiado bajo.

También cabe preguntarse cómo este nuevo estado de gasto deficitario restablecería el equilibrio.

Bueno, pues bajo estas condiciones simplificadas, el impulso inicial del gasto público (deficitario) estimularía ingresos crecientes, mayor recaudación, mayor consumo, pero cada aumento adicional inducido en los impuestos y el gasto de consumo sería menor que el anterior (debido a la fuga de impuestos en cada paso).

Se alcanzaría un nuevo equilibrio a un nivel de ingresos superior una vez que el cambio en los ingresos fiscales llegara a cero y los ingresos fiscales totales fueran iguales al nuevo nivel de gasto público, eliminando así el déficit fiscal.

Si los hogares consumen toda su renta (como se supone por ahora), el equilibrio solo puede ocurrir cuando el saldo presupuestario regresa a cero tras la fuga de impuestos.

La regla general es que el equilibrio se produce cuando las fugas igualan las inyecciones.

Esto no significa que apoyemos el equilibrio presupuestario Es solo una condición que debería aplicarse a este caso sumamente simplificado.

Así que compliquémoslo más.

Fugas de ahorro

Ahora bien, ¿qué sucede si nos encontramos en un nuevo equilibrio y los hogares deciden ahorrar una parte de su renta disponible?

Así pues, la propensión marginal a consumir (PMC), que es la proporción de cada dólar adicional de renta disponible que reciben los hogares, es inferior a uno.

Eso significa que la propensión marginal a ahorrar (PMA) sería igual a 1 menos MPC.

Ahora tenemos una fuga adicional del flujo de ingresos-gastos, que, de no ocurrir otra cosa, reduciría la producción, los ingresos, el empleo y el consiguiente gasto de consumo.

Por lo tanto, un mayor ahorro por sí solo creará desempleo en el sector no estatal en los entornos actuales.

Con la complejidad institucional actual, el desempleo podría eliminarse si el gobierno entrara en déficit (recuerde que, en nuestras condiciones simplistas, el gobierno se encontraba en equilibrio anteriormente).

El creciente déficit fiscal podría compensar la pérdida de gasto de consumo de los hogares derivada de la fuga de ahorro.

El proceso de ajuste haría que el ingreso nacional volviera a aumentar (mientras el gasto público excediese los ingresos fiscales vigentes), aumentando la recaudación, el gasto de consumo de los hogares y los flujos de ahorro y se alcanzaría un nuevo nivel de renta nacional cuando la suma de las fugas (impuestos más ahorro) igualase la inyección de gasto público (deficitario).

Así pues ya no existiría ninguna exigencia de que el saldo presupuestario permanezca en equilibrio. Bajo estas condiciones tiene que estar en déficit para mantener el pleno empleo al ser la propensión al ahorro de los hogares mayor que cero.

Metemos importaciones

Ahora agregamos el sector externo y reconocemos que la economía nacional gasta en cada período parte de sus ingresos en bienes y servicios producidos en el exterior —importaciones.

El flujo de gasto en importaciones constituye una fuga adicional a las demás que ya se producían en la corriente de ingresos-gastos, que, de no producirse otra intervención, reduciría la producción, los ingresos, el empleo y los gastos de consumo subsiguientes.

Las fugas reducen el gasto en producción nacional y reducen la renta nacional.

Las inyecciones añaden al gasto en la producción nacional y aumentan la renta nacional.

De nuevo, la pérdida de ingreso nacional podría evitarse si el déficit fiscal aumentara para contrarrestar las fugas de importaciones.

Metemos la inversión empresarial y las exportaciones

En este marco, hay dos inyecciones adicionales que pueden compensar las fugas de ahorro, tributarias y de importaciones: la inversión empresarial y el gasto en exportaciones del resto del mundo.

Con el déficit fiscal vigente, las inyecciones de flujo de gasto de la inversión y las exportaciones impulsarían a la economía más allá del nivel de ingresos del pleno empleo.

De hecho, el gobierno podría recortar su gasto neto a medida que estas otras inyecciones de gasto entraran en el flujo de gasto para mantener el nivel de producción en pleno empleo.

Por supuesto, hay muchos escenarios diferentes con los que podríamos jugar en este marco.

Se podría construir una situación en la que los ingresos por exportaciones sean tan fuertes en relación con la fuga de importaciones que la economía pudiera mantener el pleno empleo con el gobierno en superávit fiscal.

La condición para el equilibrio es que las fugas deben ser iguales a las inyecciones.

Así pues:

Ahorro + Impuestos + Importaciones = Inversión + Gobierno + Exportaciones

Esa condición se cumplirá en equilibrio y, dado que, en este sencillo modelo, las tres fugas también son funciones del ingreso (aumentan cuando la renta nacional aumenta de acuerdo con las propensiones a ahorrar e importar y la tasa impositiva), existe una suma única de inyecciones requerida para compensar la suma de las fugas que se daría a un nivel de pleno empleo de la renta nacional (PIB).

Eso no significa necesariamente que se requiera un déficit público.

Pero sí significa que, si la suma de la inversión empresarial y las exportaciones, dado el gasto público actual, no es suficiente para igualar la suma de las fugas que se producirían a un nivel de pleno empleo del ingreso nacional (PIB), entonces la única manera en que la economía puede alcanzar el pleno empleo es aumentar el gasto público.

Por tanto, la condición de equilibrio generará un nivel estable de producción, que, sin embargo, no garantiza el pleno empleo.

En consecuencia, para mantener el pleno empleo, la condición de ingreso nacional estable anterior puede reescribirse más específicamente de esta manera:

G = gasto del gobierno

T = Ingresos fiscales

S = flujo de ahorro

M = gasto en importaciones

I = gasto en inversión

X = gasto de exportaciones

El calificador Yf se refiere al valor del flujo en cuestión bajo pleno empleo dado que los flujos S, T y M serán mayores en pleno empleo que si la economía está en recesión.

Si lo drenajes del sector no estatal > las inyecciones que ocurrirían en pleno empleo, entonces, para que la renta nacional permanezca estable, debe existir un déficit fiscal (G – T) suficiente para compensar esa brecha en la demanda agregada.

Conclusión

Finalmente llegamos a la relación de balances sectoriales.

Pero la exposición gráfica podría proporcionar una mayor comprensión que se le escapa a quienes les desagrada la exposición algebraica